Introducción.
Las Declaraciones Ambientales de Producto (DAP/EPD) suelen concebirse como un trámite, es decir, como un documento técnico exigido en una licitación que se elabora, se registra y se archiva. Esta concepción desaprovecha la mayor parte de su valor.
Una DAP verificada es un activo de alto rendimiento que, bien explotada, contribuirá a la consecución de los objetivos comerciales, a la implementación de medidas certeras de ecodiseño y a la optimización de la gestión de los recursos de la compañía.
En este artículo examinamos las distintas dimensiones de valor de una DAP y describimos cómo convertir un documento de cumplimiento en una herramienta de negocio, para el ecodiseño y de gestión de los recursos físicos de la compañía.
La credibilidad como condición del valor.
Las DAP comunican valores de rendimiento ambiental de un producto a lo largo de su ciclo de vida, verificados por una entidad independiente y se publican en el marco de un programa reconocido internacionalmente, lo que permite el escrutinio público y la comparación en igualdad de condiciones.
La verificación independiente es la condición que distingue una DAP de una autodeclaración. La proliferación de calculadoras rápidas de carbono incorporado ha introducido en el mercado cifras que, sin datos verificados que las respalden, no resisten un examen riguroso. Una declaración que no ha sido revisada por un verificador acreditado tiene un valor disminuido en el mercado y puede exponer a la organización a un riesgo de greenwashing.
La credibilidad que proporciona la verificación independiente es lo que permite que prescriptores, clientes y reguladores acepten los datos declarados sin reservas, o con mínimas reservas.
El valor comercial de las DAP y PEP.
En un número creciente de proyectos de construcción e infraestructura, la disponibilidad de una DAP constituye una condición de acceso: sin ella, el producto puede quedar excluido de la licitación. Una declaración verificada convierte ese requisito en ventaja, al proporcionar a los equipos comerciales evidencia contrastada y facilitar a los clientes la obtención de créditos en los sistemas de certificación de la edificación (Breeam, Leed, Verde, etc.).
Opera además un mecanismo determinante: el desplazamiento de los datos por defecto. Cuando un prescriptor emplea una herramienta de cálculo de carbono de una obra o edificio y el producto carece de datos propios verificados, la herramienta aplica valores por defecto conservadores que penalizan su carbono incorporado. Una DAP asegura el uso de las cifras reales del producto —con frecuencia más favorables—, lo que mejora su posición relativa.
Esto último queda patente en la formulación del proyecto de modificación del código técnico de la edificación (CTE), dentro del marco normativo de la EPDB, que contempla la penalización de datos de huella de carbono de producto no específicos, respecto a los valores específicos tal y como se plasman, por ejemplo, en las DAP.
Adicionalmente a las demandas de los proyectos con certificación Breeam, Leed, Verde o similares y a las consideraciones de la directiva de eficiencia energética de edificios (EPBD), se observa una clara preferencia en el mercado de productos que dispongan de información ambiental verificada y de productos de menor impacto.
Es por esto que las empresas que disponen de DAP individual de sus productos están en una posición de mercado más ventajosa que las empresas que no la tienen.
DAP y ecodiseño: información objetiva para el equipo de I+D.
Más allá de su función comercial, una DAP constituye una herramienta de diagnóstico para el diseño ambiental del producto. Al sustentarse en un análisis de ciclo de vida, desglosa los impactos por etapas —producción, transporte, uso y fin de vida— y por indicadores como el potencial de calentamiento global o el consumo de energía primaria. Este desglose permite identificar los puntos calientes del producto, como, por ejemplo, si la mayor contribución reside en la extracción de una materia prima concreta o en el consumo energético en la etapa de fabricación.
Con este diagnóstico, el equipo de diseño puede priorizar las acciones donde realmente reducen impacto, como, por ejemplo, sustituir un material, rediseñar para facilitar el desmontaje u optimizar el sistema de embalaje y no donde resulta irrelevante.
Al recalcular la DAP tras las modificaciones, se pueden constatar las mejoras en los indicadores ambientales y medir los progresos de desempeño ambiental del producto. Esto otorga una gran seguridad a los equipos de diseño de producto e I+D, que disponen de una herramienta para medir y reportar con confianza el rendimiento y el éxito de las acciones implementadas.
ACV y mejora de los procesos de gestión.
Una parte sustancial del valor de una DAP reside en el proceso de elaboración del ACV, que obliga a recopilar y depurar datos de toda la cadena de valor. El desarrollo de ACV puede facilitar la identificación de puntos de mejora en los procesos industriales y en los procesos de captura y gestión de datos ambientales e incluso económicos.
Además, el análisis de puntos críticos que tiene lugar durante el ACV, ayudará al diálogo sobre cuestiones muy concretas con los proveedores y proporcionará indicadores adicionales de sostenibilidad de gran valor, como, por ejemplo, la utilización de energía renovable, el uso de materiales secundarios o el uso de agua dulce a lo largo del ciclo de vida del producto.
La elaboración de una DAP produce, además, un efecto de arrastre sobre la cadena de valor. La solicitud de datos ambientales a los proveedores los incentiva a desarrollar sus propias declaraciones, lo que mejora la calidad de la información disponible y contribuye a la descarbonización del conjunto.
